Gestionar las expectativas

Si nos ponemos analizar detenidamente por unos momentos, todos hemos sufrido en algún momento u otro de nuestras vidas decepciones en mayor o menor grado pero ¿cómo se generan en nuestra mente estas decepciones? ¿por qué nos afectan tanto?. Para generarse una decepción, previamente se ha debido generar una idea más o menos elaborada del asunto. Esta idea es nuestra visión de cómo se va a producir. Es nuestra expectativa.

A veces estas expectativas son demasiado altas, después de una desilusión amorosa, ponemos todas las esperanzas en nuestro nuevo amor, pensamos que por fin encontramos a alguien que realmente nos aportará todo lo que necesitamos en nuestra vida, idealizamos la relación. Es posible que esa persona que hemos encontrado sea realmente maravillosa y que pudiéramos sentirnos muy felices a su lado porque tiene las cualidades que buscamos y son compatibles para nuestro modelo de pareja pero, si las expectativas que hemos construido son demasiado altas, en el momento en que él o ella tenga algún fallo de importancia, todo ese castillo caerá rápidamente rompiéndose la relación.

Pasemos al lado contrario, ¿cómo nos sentiríamos si en lugar de ser nosotros los que nos hemos forjado esta idea de la persona perfecta, fuésemos el modelo de nuestra pareja?, ¿cómo nos sentiríamos cuándo viésemos que la persona que nos amaba locamente, que tenía una venda en los ojos que siempre nos veía perfectos a pesar de que no entendíamos cómo no veía nuestros fallos, de pronto cometemos un error y incomprensiblemente se le cae la venda, pasando a la incomprensible decepción y desamor?. Ponemos nuestras expectativas altas para cubrir nuestros huecos, nuestros vacíos. Queremos creer que el nuevo trabajo va a ser perfecto con compañeros perfectos, trabajo interesante y perfecto, jefes inteligentes y comprensivos … pero en la mayoría de las ocasiones todo esto depende de personas y las personas no somos perfectas y depende de nosotros, de cuál sea nuestra actitud para enfrentarnos a nuevas situaciones: nuevo trabajo, nuevas relaciones, nuevos retos, nuevas ciudades…
A veces, cuando esperamos las cosas en su justa medida o cuando simplemente no especulamos tanto sobre cómo pueda ser la situación o la persona, sino que simplemente miramos con la suficiente ilusión como para seguir adelante, sin crear falsas expectativas, éstas suelen ser mejores. Esto no significa ni mucho menos que tengamos que ser pesimistas para no llevarnos fiascos, significa que no tenemos que hacernos daño creando expectativas que puede que no se cumplan porque eso no es ecológico con nuestra persona.
Piensa en una vez que alguien te haya fallado, en qué situación, en qué momento, qué esperabas de esa persona y cómo te sentías. Ahora piensa en una situación similar pero en la que tú eras quien fallaba. Si no la encuentras es probablemente porque la mente es selectiva y tendemos a guardar los momentos dolorosos para nosotros o porque simplemente, no has sido consciente de haberle hecho daño a alguien en ese aspecto, pero te sorprenderías del resultado si preguntases. Con esto lo que quiero decir es que todos fallamos, todos cometemos errores, todos somos humanos: los padres esperan de sus hijos que estudien una carrera y ellos optan por otra, los jefes dan por supuesto que el trabajador sabe hacer según que cosas, el trabajador que su jefe tendrá en cuenta situaciones o aspectos … no demos tanto por hecho y por supuesto, hablemos, compartamos, comuniquémonos y no carguemos responsabilidades en los hombros de otros porque TODOS SOMOS SERES HUMANOS CON NUESTRAS GLORIAS Y NUESTROS FALLOS.

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