En busca de la felicidad (II)

Siguiendo con las ponencias del II Congreso de la Felicidad, llegamos a una de las actuaciones más brillantes bajo mi punto de vista, la de mi admirado Mario Alonso Puig, al que tuve la ocasión de cruzarme en los pasillos. Gracias María por tu invitación.
El doctor Puig siempre da ese punto extra en el que algunas de las cosas que ya intuimos como que los estados de agitación nerviosa continua son perjudiciales para la salud, son explicadas en términos científicos claros y cercanos para que podamos tomar conciencia del daño que nos podemos llegar a producir si no los controlamos.
Trasmitió a través de su fuerza comunicadora y sus conocimientos, un gran mensaje sobre nuestra posibilidad de entrenarnos en la alegría y el agradecimiento frente al miedo y el desconsuelo, para lograr una vida más plena. Nos decía que en un mismo corazón no pueden anidar al mismo tiempo el miedo y la gratitud al mismo tiempo.

  • El miedo nos produce un incremento en los niveles de glutamato y cortisol que hace que mueran las neuronas alojadas en los hipocampos y que, un péctido segregado por las aurículas del corazón encargado de regular el tono cardíaco, reducir la grasa y regular procesos del cerebro, deje de ser segregado. La creación de linfocitos que nos protegen contra bacterias, virus y tumores se paraliza. El miedo, la agitación, el estrés nos dejan desprotegidos, ponen en peligro nuestra salud.
  •  Por contra, en los estados de felicidad y gratitud, nuestro cuerpo produce dopamina clave en la confianza y la creatividad y que nos protege además favoreciendo la creación de linfocitos y mejorando el funcionamiento del bazo que forma parte también de nuestro sistema de defensa contra enfermedades. Es decir, la felicidad nos protege de enfermedades.

La faceta emocional y biológica del ser humano están unidas y relacionadas, se pueden diferenciar pero no separar. Las emociones que tenemos producen reacciones fisiológicas en nuestro cuerpo.
Según Mario Alonso Puig apoyado entre otros en estudios con monjes budistas meditando, si nos entrenáramos en el agradecimiento, generosidad, apoyo y consuelo viviriamos con mejor salud, más alineados con nuestro sentido de la vida.  “Para mí el sentido de la vida es plantar semillas de esperanza, ilusion confianza, entusiasmo e inspiración aunque a lo mejor yo no las vea florecer y aceptando que en esas semillas existirá la imperfección de eso que tengo de barro, pero también la existirá la perfección y la belleza de eso que tengo de Dios”. Merece la pena oirlo completo. Aquí puedes ir al video

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