Escuchar y oír, la fábula del herrero

Cuando comencé en el mundo del coaching aprendí la verdadera diferencia entre escuchar y oír. Oír es una facultad de los oídos. No requiere un gran esfuerzo. Y como las cosas que requieren poco esfuerzo, tiene menos valor. Escuchar es prestar atención. Sólo prestarla. Pero en ese préstamo puede ir la diferencia entre el día y la noche, la vida y la muerte como cuenta la fábula del herrero.

La fábula del herrero o la importancia de escuchar

“El herrero del pueblo contrató a un aprendiz dispuesto a trabajar duro por poco dinero. El muchacho era joven, alto y muy fuerte, aunque un poco despistado. Era obediente y hacía las tareas que le encomendaban, pero se equivocaba a menudo y tenía que repetirlas porque prestaba muy poca atención a las instrucciones que el herrero le daba.

Al herrero esto le molestaba un poco, pero pensaba: ‘Lo que yo quiero no es que me escuche cuando le doy una explicación, sino que acabe haciendo el trabajo y que me cueste muy poco dinero’.

Un día, el herrero dijo al muchacho: ‘Cuando yo saque la pieza del fuego, la pondré sobre el yunque; y cuando te haga una señal con la cabeza, golpéala con todas tus fuerzas con el martillo’.

El muchacho se limitó a hacer exactamente lo que había entendido, lo que creía que el herrero le había dicho. Y ese día el pueblo se quedó sin herrero, fallecido por accidente a causa de un espectacular martillazo en la cabeza…”.

Es lo que tiene oír sin escuchar.

 

Moraleja de escuchar

¿Cuántas veces ya ha sido tarde por no haber escuchado?

¿Cuántas veces tu relación de pareja podría haber ido mejor si en lugar de oirte como si fueses el sonido de fondo de la tele en el salón, te hubiesen escuchado, te hubiesen atendido y comprendido?. O a la inversa, si tú lo-la hubieses escuchado.

¿Cuántas veces el trabajo se ha convertido en una pesadilla por no escucharte con atención?. Por no entender que ya no podías más, que eso iba contra tus principios, que ese plazo de entrega era inviable, que necesitabas menos responsabilidades al menos por un tiempo, que te aburrías en una tarea que ya había dejado de interesarte  hace tiempo?. ¿Cuántas veces te habrías ahorrado tener que volver a hacer un trabajo si hubieses escuchado bien qué necesitaba la persona que te lo pedía?. ¿Cuántas veces se hubiese quedado en tu equipo alguien si se hubiese sentido un poco más atendida y entendida y menos ordenada?

¿Cuántas veces tu hijo o tu hija lo único que te ha pedido es que te sentaras un momento para ver cómo juegan y compartir una taza de te de mentirijilla y fueses capaz de escucharle y seguirle la historia. O que le miraras a los ojos con brillo, con curiosidad mientras respondían a la pregunta de qué tal en el cole?. ¿Cuántas veces te ha faltado callar la boca y la mente para comprender porqué para tu hijo o tu hija es importante llegar tarde, o ir al concierto, o estudiar en el conservatorio o dejar de ir?. ¿Cuántas veces tus padres hicieron lo mismo contigo?

Escuchar a alguien es proactividad, requiere poner atención e intención Clic para tuitear

Y es que perdemos la cabeza y la vida como el herrero por no darle valor, por no darle importancia a escuchar. Y si escuchásemos más ¿cómo cambiaría nuestras vidas, como cambiaría tu vida?. Tal vez estés poniendo justificaciones a algo en lo que tú si puedes generar un cambio, en el que tú sí puedes dejar marca, pero no una marca de dolor sino de comprensión.

Feliz marca personal

Eva Luque
Coach de Marca Personal y Trainer en Felicidad
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www.evaluque.com

 

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